miércoles, 1 de octubre de 2008

Las puertas del pentágono (Final)

Imagen de la red
Me gustaría tener un espejo para poder hacer una comprobación. No sé si pasa el tiempo mientras me decido. Me gustaría saber si me han crecido las arrugas, el pelo o la barba mirándome a un espejo. Supongo que sí, pues la barba me crece y estoy cada vez más hambriento, pero como no sé cuál es la puerta de la cocina, no abro ninguna.

Después de pensarlo lo más seriamente posible creo que tengo que abrir cualquier puerta, caso de que alguna se pudiera abrir. Es más, me debería asomar a todas y decidir después. No importa qué puerta sea la primera. Me he acercado a todas, pero no he reunido valor suficiente para tocar siquiera el pomo. ¿Tendré que morir aquí de inactividad, de miedo y de hambre?

El orín huele cada vez peor, así que me pongo a gritar y me abalanzo sobre la puerta inmaculada de la izquierda y entro con los ojos cerrados. Solo escucho mi grito, así que decido callarme sin abrir los ojos esperando cualquier cosa, por no decir nada. Ahora he elegido mi futuro, aunque puedo perfectamente volver atrás. Como no oigo nada decido abrir los ojos. He avanzado sólo unos pasos más allá de la puerta del futuro y me encuentro en la penumbra de un pasillo. Me separan unos diez metros de un arco a través del cual veo una calle solitaria por donde, al parecer, no pasa nadie.

Decido volver para abrir el resto de las puertas y ver qué hay tras ellas. Me asomo por la puerta por la que he salido y con gran asombro compruebo que en la habitación pentagonal sólo hay una puerta, esta en cuyo umbral me encuentro, busco con la mirada la mancha y con la nariz el olor de mis meados pero estos han desaparecido. Comprendo que la habitación pertenece al pasado o a mi mala memoria, doy media vuelta y cierro la puerta que seguramente desaparecerá en unos instantes y me dirijo a la calle solitaria. Imagen de la red

3 comentarios:

maray dijo...

Viste? Abrir una puerta, o cinco puertas, no hace nada en nuestra vida. Seguimos solos.
Que podemos intuir de todo esto? Que las premencias fisiologicas deciden por nosotros? Que las puertas son efimeras?
Me muero por la continuacion :)

Elemento dijo...

Caminante, no hay camino
sino estelas sobre el mar.
¿Para que llamar caminos
A los surcos del azar...?
caminos o puertas o meadas en un rincón... ya no hay marcha atrás.

Juanjo Merapalabra dijo...

Maray mucha gente dice por un rato de placer toda una vida de condena, ¿eso también es por una necesidad fisiológica?

elemento es lo que tiene este juego, que no te dejan ni volver atrás ni salir de él.