miércoles, 21 de mayo de 2008

Consecuencias del fracaso

El año pasado, creo que en julio, se celebró en el Pay Pay el concurso de cuentos por parejas Adosados. En la final del concurso, aconsejable porque es toda una fiesta del humor y la narración en vivo, un servidor quedó tercero después de un "posible tongo" que parecía preparado de antemano (el tongo digo).

Los narradores bebimos, bueno yo bebí, el resto de narradores también, aunque si como dije en un post anterior, pierdo la cuenta del cuarto al quinto, no sabría decir cuánto bebieron los otros, sólo que yo sí bebí bastante.

Alguno que me conoce sabe que no hace falta que yo beba para que me vaya olvidando cosas por donde voy. Sobre todo un bolsito que no me quiere demasiado y que ya en Madrid me dejé en una pizzería con llaves del hotel y documentación y para volver a encontrar la.... Esto es otra historia.

Cerró el Pay Pay y los sinverweb más gamberros (de gamba, italiano pierna, los que meten la pata) seguimos tomando copas y celebrando la fiesta de la palabra viva o algo así, ya digo que mi memoria en estos casos no es buena.

A eso de las cinco de la mañana habíamos cerrado otro bar y caminábamos perdiendo miembros, que se quedaban en su portal, por el casco antiguo de Cádiz. Yo era el que vivía más lejos, y justo cuando me despedía de la última pareja que había quedado conmigo, reparo en que el bolsito de los... (piiiiiiii) se había quedado en el Pay Pay, local que había cerrado unas dos horas antes, y que en el bolsito estaba todo lo necesario para entrar en mi casa.

Amablemente fui acogido por esta pareja y su sofá me abrazó con cariño hasta la mañana siguiente.

¿Qué tiene que ver todo esto con el título?

Al día siguiente, aquel que me acogió escribió un post, con foto incluída, en el blog de los sinverweb. Escrito con el humor que le caracteriza contó con otras palabras mejor elegidas lo que yo les acabo de contar. Y le puso el mismo título que yo he puesto.

¿Por qué escribo esto?

Si ustedes ponen en el buscador de google "consecuencias del fracaso" encontraran que la segunda entrada es precisamente la de sinverweb, si pinchan verán una foto mía en la que parece que estoy participando en el festival de Benidorm.

Resulta que muchas de las entradas de sinverweb es de gente de todo el mundo hispanoparlante que busca a través de google consecuencias del fracaso.

En fin, no pensaba yo que mi imagen iba a tener que ver con eso pero vaya, como no creo en premoniciones, pues tampoco la quito.

viernes, 16 de mayo de 2008

Vivo en Cádiz y el mar está ahí

Vivo en Cádiz y el mar está ahí.
Muchas veces pienso escribirle.
Pero hacerle un poema es volver,
rellenar palabras con tinta:
azul, las olas, la bahía, la luz, el cielo...
Es reconstruir con ladrillos usados
los muros del tiempo.
Es pasear por la memoria todos los poemas del mar
y escribir el mismo poema.

Sin embargo el mar está ahí.
No lo estoy mirando pero lo sé:
lo saben mis baños en la orilla y mis infantiles castillos de arena,
lo saben mis partidos de fútbol en la playa y mis fracasos como pescador,
lo saben mis manos y tus besos con rumor de olas nocturnas,
lo saben mis amigos, mi nariz, la humedad del aire...

Sí, el mar está ahí, unas calles más allá,
y cuando leo poemas sobre el mar,
o alguien los canta,
yo no los reconozco, ni siento
el abrazo del agua, ni el ruido de las olas,
ni reconozco nada del mar del exterior de las palabras,
sólo veo símbolos, sentimientos, metáforas... y literatura.

El mar está ahí, ahí, ahí.
Los poetas han cruzado el tiempo del hombre
regalándole palabras sin comprender
que las palabras
nunca
lo explican todo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Mucha fiesta y pocas luces

Lo reconozco, después del segundo cubata ya estoy guiñando el ojo, con el tercero podría decir sin temor a equivocarme que estoy borracho y nunca recuerdo haber pasado de cinco, aunque tengo que reconocer que la memoria me falla entre el tercero y el cuarto.

Cuando el efecto secundario del valor me sobreviene y me da por intentar ligar, ya tengo las gafas empañadas, el aliento me huele a goliardo y la lengua se me enreda en la saliva. Sí, eso mismo, un borracho baboso al que las chicas rehuyen, con razón, me gustaría añadir ahora que estoy sereno (borracho no opino lo mismo).

¿Por qué me sonríes entonces desde detrás de la sábana?

¿Por qué estoy en tu casa marcando un nuevo récord en resaca y no en la mía o en el sofá de mi amigo Manolo donde me suelo levantar en estas circunstancias?

¿Por qué si pierdo la memoria y no me salen las palabras, recuerdo haber dicho tantas veces te amo?

¿Por qué me tenía que pasar esto si a mí esto nunca me pasa?

¿Cómo salgo airoso de esta situación de amor arrepentido?

miércoles, 14 de mayo de 2008

Sin título

Qué ideal es todo a tu lado, cómo me río contigo cuando estamos juntos, qué dulce manera de bajar los ojos para dar alas a mis caprichos en el amor, qué linda la vida contigo.

Y qué perra conmigo, eso tenías que haber añadido a tus palabras y tal vez, aunque no estoy seguro, no me hubiera enamorado de ti.

martes, 13 de mayo de 2008

LA MUERTE (I)


La primera vez que estuve en un festival de narración oral, Germán Argueta, narrador y antropólogo mexicano, me regaló una moneda mexicana de poco valor de transacción. Me contó que era hijo de chamana y que los chamanes daban esa moneda por dos razones: una era porque pensaban que te protegía, y otra era porque estaba en ella la diosa coyolchauqui, diosa de la muerte del panteón azteca.

Tener la muerte cerca te recuerda que ella está siempre ahí y que puedes morir en cualquier momento. Esto te puede liberar o te puede agarrotar, pero saber que está a tu espalda hará que estés menos preocupado por ella. Creo que fue más o menos esto lo que me dijo, él estaba mágico y yo también (ya saben, la magia del vino español) y fue en el año 92 del siglo pasado.

No tengo problema en considerar que tengo la muerte a la espalda siempre, uno mira por encima de su hombro y puede imaginar perfectamente esa sonrisa amarilla vestida de negro y plata (lo de la plata por la guadaña que digo yo que debía ser de plata), esperando a que le entre la prisa o le dé el antojo de llevarte. No tengo problema en poder creer que cada hijo de vecino o sobrino de cura tiene su propia muerte acompañándole, me cuesta creer más en el ángel de la guarda. Es más, si alguna vez me encuentran por la calle pídanme que les muestre mi muerte y les enseñaré la moneda que desde aquel día siempre llevo encima. Pero la verdad, la verdad es que en algunos momentos me siento más cerca de la muerte que en otros.


No es que en algunos momentos me importe menos morirme que en otros, que también, sino que las probabilidades son distintas. No es lo mismo caminar por la calle, con las mil muertes que a uno le pueden ocurrir, que caminar por un puente colgante a mucho vértigo del suelo, aunque sólo pude imaginarme una forma de morir cuando lo hice. En esas ocasiones, en que se cruzan seis carriles de autovía sin semáforo, cuando uno mira por encima del hombro la sonrisa de la muerte parece más de bromista y los aburridos ojos vacíos parece que están como disimulando. O será que ese día la muerte cambió de perfume y notamos más su presencia.

sábado, 10 de mayo de 2008

juanjoZen

"No hay nada en este mundo
a lo que te puedas aferrar.
Pero ¡qué difícil es soltarse!"

Robert Allen: Mil vias hacia el Zen

Dicen que cuando uno sabe el sentido de un Koan va a su maestro y su maestro le dice si ese es el verdadero sentido o no, y que si uno va a su maestro para saber si ese es el verdadero sentido del koan es que tiene que seguir pensando en él. Este parece sencillo de desentrañar, pero como todos...

jueves, 8 de mayo de 2008

Marbella

Los caminos de la palabra son inescrutables como los del señor ese... que no me acuerdo el nombre. Resulta que estoy dando clase de lengua y literatura en Marbella. Claro, muchas de las cosas que hago con los chicos son caminos de palabras que llevan a los cuentos. Pero no es eso lo que vengo a contar. Lo que vengo a contar, es que en uno de los cuentos que escribieron aparecía la palabra zorra. Yo ya sé lo que pasa cuando un adolescente oye una palabra malsonante o con ecos malsonantes (dos veces porque la palabra me suena a trompeta, será por los metales), se ríe. Si la oye cinco veces en clase, cinco veces se ríe. Aunque yo les digo que..., bueno no importa lo que les digo. Ya un poco harto (sólo un poco) le pregunté a la niña qué significaba zorra: puta me dijo.
¿y que más?, y nada más, ¿cómo que nada más? La chica me mira (entre catorce y quince años, creo) ¿no sabes que zorra es un animal? ¿zorra es un animal? ¡venga ya! Claro le dicen los compañeros ¿y qué animal es?...

No me lo podía creer, pero claro, después pensándolo..., probablemente con la acepción de puta, guarra, mala mujer, etc, haya escuchado la palabra muchas veces, ¿cuántas veces en su cotidianidad ha escuchado la palabra en su primer significado?, probablemente nunca, y si alguna vez leyó aquel título de "la zorra y las uvas" pensó que se trataba de una prostituta, aunque quizás esa sea una buena historia....