martes 27 de enero de 2009

Ostmán El Masháfi (muerto en el año 982)

imagen de la red


EL MEMBRILLO

Es de color amarilo, como si llevase una túnica de narciso, y huele como el almizcle de penetrante aroma.
Tiene el perfume de la amada y su misma dureza de corazón, pero tiene el color del amante apasionado y macilento.
Su palidez es un préstamo de mi palidez; su olor, es el aliento de mi amiga.
Cuando se irguió fragante en la rama y las hojas le habían tejido mantos de brocado,
extendí mi mano suavemente para cogerlo y colocarlo como pebetero en el centro de mi sala.
Tenía un vestido de pelusa cenicienta que revoloteaba sobre su liso cuerpo de oro.
Y cuando quedó desnudo en mi mano, si más que su camisa color de narciso,
me hizo recordar a quien no puedo decir, y el ardor de mi aliento lo marchitó entre mis dedos.

Este poema lo tomé de una conferencia de Rafael Alberti sobre la lírica popular.
La próxima vez que vaya a utilizar membrillo como un insulto lo pensaré dos veces.

2 palabritas:

Microalgo dijo...

Qué maravilla.

Y qué desconocida esa peña toda, qué olvidada.

Gracias por la memoria.

Rinoa dijo...

Es precioso...

Me gusta el membrillo primero dulce y luego ácido, en parte un poco como el amor, y tonta de mí, no puedo evitar ni que me guste el membrillo ni engancharme al amor.

Saludos.