
No me mires con esa sonrisa juguetona en los ojos. No me muestres tus remedos de colmillos de lobo. No te pongas en posición de ataque. Yo soy un zapato nuevo, recién comprado, y tu ya tienes una alpargata viuda a la que seguir destrozando con tus juegos.
5 comentarios:
que si el perro me come los zapatos nuevos, de seguro termina volando por la ventana!
Je, je, jeee...
zapato usado, zapato violado
Hace tiempo que no venía a leer por aquí (el pre-post-carnaval...) y te leo vehemente y feroz. ¿Inviernazo infiltrado en las índoles? A mi me pasa, pero no lo escribo. Sólo se barrunta la primavera en las vallas publicitarias de lencería. No está mal, pero me faltan las golondrinas y su banda sonora. Ojalá quede menos, porque ahora escucho llover y me parece estar encerrado en cierto cuento de Robert Sheckley. Salud.
No se si darle las gracias por lo de la vehemencia y ferocidad. Ya hablaremos don sinver y veremos si salió usted de ese cuento que dice.
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