miércoles, 5 de noviembre de 2008

Cuando la lógica se impone


Mi amigo José Francisco y yo éramos tan buenos amigos en el colegio que decidimos que cuando crecieramos y lo permitiera la ley nos cambiariamos el nombre como signo de amistad, él se lo cambiaría por Juan José y yo por José Francisco. El recreo nos lo pasabamos jugando a los tebeos que a los dos nos encantaban o charlando mientras nos comíamos el bocadillo. Fue él quien me quitó la primera novia que no llegué a tener: "la Chari", y fue él quien me habló por primera vez de la mágica monarquía en términos sospechosos.

Yo era un niño lógico. Mi abuelo Curro decía que hay que aplicarle la razón a todo. En los juegos que hacía para sus nietos siempre había una relación causa consecuencia. Sus nietos teníamos desde pequeños una mirada preguntona que buscaba el por qué de las cosas, incluso antes de que nos llegara esa edad en la que se pregunta por qué a cada palabra que te dicen. Así con ocho años, yo me consideraba un pragmático, aunque no me sabía la palabra.

Jose Francisco me dijo un día en el recreo, los reyes magos son tus padres, y yo sin dudar le dije que eso no era lógico. Bastante bien conocía yo a mis padres, vivía con ellos. Ante la cara que puso mi amigo le dije ¿y como van a dejarle juguetes a niños que ni conocen? preferirían dejármelos a mi.

No hombre, no, dijo Jose Francisco, son los padres de cada uno.

Eso tampoco tiene lógica dije yo, y cómo se ponen de acuerdo para saber qué día dejar los juguetes.

Porque lo hacen siempre el mismo día, dijo él.

Hay muchas cosas que no se sostienen, le dije yo, por qué razón nos iban a mentir en semejante tontería, además si los padres de todo el mundo no se ponen de acuerdo en la mayoría de las cosas importantes, en esta imagínate. Puestos a comprarnos juguetes, ya lo hacen cuando tienen dinero, no comprendo muy bien por qué tendrían que ser los padres.

Jose Francisco se fue donde Gonzalo Chacón y le soltó lo de la lógica y lo del poco sustento de la afirmación. Como ninguno de los tres entendíamos mucho de tradiciones decidimos que el primo de Gonzalo, que tenía dos años más, nos quería engañar, pero que al aplicarle la razón a lo que había dicho le habíamos descubierto.

Era noviembre y así quedó, pero en diciembre a pesar de que llevabamos la razón sin duda, registramos los armarios, y aparecieron cabos sueltos que no habíamos tenido en cuenta, mi madelman, la bici de mi hermana, y resultó que contra todo pronóstico lógico, los reyes eran los padres.

5 comentarios:

Elemento dijo...

Seguro que alguna esplicación tendría tambien eso, ¿o acaso a dos meses justo de la noche de reyes cuando empiezo a pensar en la carta me vas a quitar la ilusión?, pues claro que existen, anda que te inventas unas cosas...

Haldar dijo...

malo malo es cuando tus propios padren te dicen que ni los reyes, ni el niño Jesus, ni Santa y ni siquiera los duendes te traen los regalos, que son ellos mismos. Ese dia se te acaba la navidad por siempre!

Microalgo dijo...

Tengo que confirmar la cosa... pero me llegaron campanas, hace tiempo, de que Pancho Villa en realidad no se llamaba así. Tomó el nombre de un amigo suyo que murió, para que no muriera del todo.

Respecto a los reyes, yo tengo mis propias historias también...

http://lazonafotica.wordpress.com/2007/11/06/dia-de-reyes-magos/

sinverweb dijo...

Se llamaba Doroteo Arango, y el tal Villa era su plas, su pana, su brodel, pero lo mataron y él se puso su nombre. Lo que pasa es que no fue para su familia, ni para su regimiento, ni para un rato, sino para todo un siglo y lo que venga.

sinverweb dijo...

Como soy el mayor, ya estaba en el ajo cuando mis hermanos menores pastaban en la inopia. Eso tiene su punto. Cuando los demás entraban en "la cosa nostra", compartíamos complicidades. Cuando ya ninguno creíamos "ni en los marsianos", como desía er Maki, mi señora madre insistía en mantener la ficción y el secretismo y la sorpresa. Y a fe que ni M., la de Bond, podría hacerle sombra en manejar ese tipo de conspiraciones. Pero es cierto que la Navidad empezó a transformarse en el coñazo ese que viene antes de Carnaval.
Entonces proliferas. Y cuando tus hijas están cantando "¡Navidá, navidá, es la Navidá" desde el mes de agosto y tienes que moverte con rapidez antes de que el espíritu navideño te encañone con la recortá para dejarte temblona la de Ubrique, lo enfocas de otra manera. Sigue siendo un coñazo, pero la mañana del seis de enero no es mal pago pa tanta fatiguita (que tampoco es tanta, lo que pasa es que estamos hechos de merengue y nos gusta quejarnos por tó).