lunes, 27 de enero de 2014
Salir de la rutina diaria
Todo cambiaba a su alrededor, todo se producía y moría a sus pies, en sus ojos, pero en su pensamiento todo era igual. Rutina, más rutina, siempre lo mismo. Por mucho que le echase la culpa a su educación, a la cultura en la que estaba integrado, a su propia soledad, la culpa no le quitaba el velo mental que lo cubría todo.
Un beso, sólo un beso verdadero, con poder, con alma, con historia, con futuro, con lengua y saliva. Un beso destruiría los muros neuronales que le impedían salir de su propia cabeza.
Tan sólo esa idea ya abrió una ventana. Ahora, todo es diferente, siempre hace lo mismo con la esperanza de que esa vez todo se vuelva distinto, ahora es el loco que pide besos por la calle.
lunes, 20 de enero de 2014
Solo a veces
Todo.
Pero esa mirada al pasado infinito, ínfimo por culpa de la memoria, es sólo para recargar pilas, para tomar impulso, para hacer nuevas huellas sobre caminos aún no caminados, no encontrados. Ese parar, volver, mirar por encima del hombro, es en realidad otro paso hacia adelante. Como poner otro pilar sobre el que seguir construyendo una vida contada, imaginada, que no llega a ser verdad porque es de palabras.
martes, 11 de agosto de 2009
Aproximaciones al agua II

viernes, 28 de noviembre de 2008
De Eduardo Galeano
Por Eduardo Galeano
¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.
¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.
Y gracias a Galeano por escribirlo.
jueves, 30 de octubre de 2008
Cuento conversación para bares: CONOCETE A TI MISMO

Durante una época en mi vida me sentí atraído por las filosofías orientales. Por las artes marciales no, porque, aunque todas al parecer tienen su filosofía, no soy yo muy amigo de ir dándole guantazos y patadas a la gente. Además siempre he pensado que la mejor defensa es bajar de diez segundos en los cien metros, pero como podrán comprobar por el volumen de cerveza en mi prominente estomago, tampoco soy bueno defendiéndome.
Pensé que la filosofía más antigua tenía que ser la china y me compré una versión poética del Tao te kin de Lao Tse. Como no me enteré de nada me compré una versión glosada del Tao Te kin de Lao Tse. Lo poco que había entendido de la versión poética resultó estar interpretado al revés en la versión glosada. Así que decidí que lo mejor era que me apuntase a un curso de filosofía oriental y esto me lo aclararía todo.
Decidí empezar por lo que me pareció más sencillo. El cartel decía CONOCETE A TI MISMO. INTRODUCCION A LA FILOSOFIA ORIENTAL. Impartido por el famoso profesor chinoespañol, o hispanochino como quieran Li Tung Martínez. Yo no lo conocía de nada pero con ese nombre seguro que era famoso, al menos en su colegio todo el mundo lo conocería por el del nombre raro.
Cuando fui a apuntarme al curso, resultó que valía 300 euros por tres días completos con comidas y todo en un hotel de Chiclana Centro, nada de playa, y a dormir a tu casa. Eso sí, para estudiantes valía 290. Como me pareció caro y no era estudiante no me apunté. Pero mientras iba para mi casa en el autobús decidí que no iba a renunciar a aprender algo. Además para conocerme a mí mismo teniéndome tan cerca tampoco hacía falta pagar 300.
Así que decidí irme de marcha conmigo mismo para empezar a conocerme mejor. Hombre, yo creo que es mejor en un ambiente distendido, tomar unas copas, escuchar música. No es que yo quisiera ligar conmigo mismo sino que me parecía más lógico en una primera cita para que no me diera corte hablarme, porque aunque ustedes me ven aquí yo soy un poco cortadillo, encima tampoco sabía cómo era yo mismo, porque si yo mismo era más cortado que yo íbamos a tener que tomarnos unas cuantas para soltar la lengua.
Quedé conmigo el jueves por la noche. Pensé que si a mí me gustaban los cuentos, a mi mismo seguramente también me gustarían y me sentiría más seguro entre los habituales de los cuentos, porque conozco a varios y si la cosa iba mal siempre podría darme plantón a mí mismo y refugiarme en la conversación con mis conocidos. Aunque la verdad me pregunté si yo mismo conocería a la misma gente que yo. Por una parte estaría guay tener amigos comunes conmigo mismo, pero por otra, si yo mismo me ponía a hablar y no me hacía caso poco nos íbamos a conocer. Decidí que me quedaría en el lado de la barra más alejado del escenario y que ya se vería cómo avanzaba la noche. La ventaja de quedar un jueves es que si la cosa no va como a uno le gusta o se ve uno en un aprieto siempre puede decir que mañana tiene que trabajar y que adiós me voy a dormir. (Veo por las sonrisas que alguna ha usado ya esa excusa, no se me ocurrió a mi, me la dijeron).
Llegué al mismo tiempo que yo mismo y eso me gustó, no me gusta esperar ni hacer esperar. Nos pusimos en el lado más alejado del escenario y pedí dos cervezas, una para mí y otra para mí mismo. Claro, como yo y yo mismo somos el mismo y tenemos el mismo cuerpo aunque uno se vea más delgado que otro en distintos momentos y depende de con qué ropa, la verdad es que la cerveza la bebíamos por la misma boca, con lo cual decidimos que en vez de bebernos por turnos la nuestra nos tomaríamos primero una y después la otra, aunque la segunda ya no estaba tan fría.
A pesar de la timidez, del "bueno que" y el "ya ves" y "aquí" y "eso", la cosa no funcionó demasiado mal, y a la mitad de la segunda cerveza ya hablaba con fluidez conmigo mismo, y cogíamos confianza a pasos agigantados. Las pibas eran uno de nuestros lugares comunes porque a los dos nos gustaban las mismas y nos dábamos la razón cuando hacíamos algún comentario sobre los atributos de alguna que acababa de entrar.
A la cuarta cerveza yo creo que podría decir que yo y yo mismo éramos bastante colegas, e incluso con el punto que teníamos, decidimos ligar ahora que estaba el descanso de los cuentos. Fue entonces cuando llegó la primera duda filosófica fuerte, si ligábamos quien estaba ligando, y si llegábamos a los extremos pretendidos, con quién se acostaría ella, conmigo o conmigo mismo, porque no era igual aunque lo pareciera. Para no perder la noche en profundidades decidimos dejar ese discernimiento para cuando no estuvieramos bajo los evidentes efectos del alcohol y conformarnos con lo que en Cádiz se llama "morsegá a las piba", que viene a ser ver lo buenas que están y comentarlo con los colegas, en este caso yo mismo que ya me consideraba bastante colega.
En una de las veces que fui al servicio pensé que en realidad tampoco me estaba conociendo demasiado profundamente pero que por lo menos para una marcha, yo mismo era un tío simpático y divertido, así que me invité a un par de copas más y cuando nos echaron del bar nos tratábamos como colegas de toda la vida. Bueno, en realidad habíamos estado toda la vida juntos, lo que pasa es que habíamos coincidido poco.
Bueno quillo, tu pa dónde va, me dije a mi mismo y me contesté que vivía conmigo, así pude ir charlando hasta mi casa y la verdad es que estuvo bien ese punto filosófico de la charla en plena madrugada por las solitarias calles gaditanas llenas de borrachos, con la ventaja añadida de que no nos quedamos charlando y pasando frío en el portal de ninguna casa.
Ya cuando nos acostamos juntos empezamos a recordar las características fundamentales y que más saltaban a la vista de las chicas que habían estado en el bar ese jueves, y la verdad es que nos empezamos a caldear y llegados a un punto, no se si llamarlo ramalazo gay porque hacerlo con uno mismo aunque uno sea del mismo sexo que uno mismo, no es lo mismo, al menos eso creo yo. Prefiero decir que practiqué el onanismo conmigo y que cuando ya estabamos relajados y a punto de dormirnos dijimos de quedar para otra noche loca, aunque no nos besamos ni nada de eso algunas caricias tiernas sí que nos hicimos.
Pero la verdad es que a la mañana siguiente me dio corte, y no me hablé, y aunque a veces nos reprendemos mutuamente, la verdad es que ya no hemos quedado más, quizás fuimos excesivamente cariñosos para una primera cita, o quizás realmente nos haga falta alguien que nos presente formalmente, algún maestro de filosofía oriental o algo así.
jueves, 4 de septiembre de 2008
...consite en saber distinguir la realidad...
Digo yo que en este mundo en que vivimos los límites, mal que le pese a ciertos dirigentes, están muy difusos. El límite entre la razón y la locura por ejemplo, entre la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción o el sueño....
Mi primo Lolo tenía un quad. Cuando iba al campo con él siempre llevaba ropa adecuada y casco. Imagino lo bien que se lo pasa uno dando botes con el quad y poniédose perdido de barro. Imagino la descarga de adrenalina y estrés...
Estaba de vuelta, se incorporaba a la carretera, unos diez metros hasta la gasolinera, el casco en el codo (total diez metros), y una mano le hizo señas para que se incorporase, dado que su visibilidad no era buena decidió hacer caso y se incorporó justo en el momento en que un xsara a ciento cuarenta intentaba ocupar el mismo espacio....
Cuento todo esto no por lo del casco, ni por el brutal accidente.
La memoria de mi primo se borró. Recuerda haber estado de barbacoa para el cumpleaños de su hija (dos días antes del accidente), y haberse acostado después de que los invitados se hubieran marchado.
Cuando aparece en el hospital, sin poderse mover, con la boca destrozada, una pierna colgando, vendas por todas partes y el cuerpo hinchado y rasguñado, no lo cree. Piensa que esa no es la realidad. Su mente no acepta. Pide despertarse.
Como no despierta intenta cosas que quizás uno intentaría en sueños o porque no quiere soñar esto. A veces se pone violento y dice que como no está pasando da lo mismo.
La primera vez que hablé con él incluso le metía mano a las enfermeras y me decía que daba igual porque no era la realidad.
Después me contó lo que yo he contado de la memoria, pero no se lo creía.
De esto hace un año.
La última vez que hablé con él (ya incluso monta en bici) me dijo que tuvo que aceptar como real lo que le contaron, pero que para él, se acostó después del cumpleaños y se despertó en el hospital. Y que a veces, cuando está solo o cuando entra en algún lugar que debería serle cotidiano siente la realidad un poco extraña.
